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Cotopaxi, oficialmente Provincia de Cotopaxi, es una
de las 24 provincias de la República del Ecuador, localizada
en la región sierra del país, al centro-norte del país. Su
capital es Latacunga. La provincia toma el nombre del volcán
más grande e importante de su territorio, el volcán
Cotopaxi. Cotopaxi se encuentra dividida políticamente en 7
cantones. Según el último ordenamiento territorial, la
provincia de Cotopaxi pertenece a la región comprendida
también por las provincias de Pastaza, Chimborazo y
Tungurahua. El sistema hidrográfico lo constituye el río
Cutuchi que nace en el Cotopaxi, está formado a su vez por
los ríos Manzanahuayco y Rumiñahui; el sistema lo
complementan el Yanayacu, Nagsiche, Chalupas, Illuchi, Patoa,
Pumacunchi y Quindigua. Estre sus Atractivos Turísticos
destacan: Parque Nacional Cotopaxi, Lagunas de Yambo y de
Quilotoa, Tilipulo - Hacienda Monasterio, Casa de la
cultura, Molino de Monserrate, Catedral e iglesias de
Latacunga, Feria de Saquisilí, El Cerro Callo, Las Ruinas de
Pachusala, El Tambo Mulaló, Los helados típicos de Salcedo y
las montañas del Cotopaxi.

Se ubica
en el centro norte de la cordillera de los Andes, se asienta
en la hoya central oriental del Patate. La provincia de
Cotopaxi se llamó en el pasado provincia de León. Antes de
la venida de los españoles, su territorio estuvo habitado
por diversas parcialidades indígenas que entraron por olas
migratorias, serían la de los Cayapas-colorados procedentes
de Centroamérica. Los atacameños, los quijos procedentes del
0riente y que habrían formado los cacicazgos independientes
de Tacunga, Mulliambato y Píllaro, Quizapincha y otro. La
provincia cuenta con un clima que va desde el gélido de las
cumbres andinas hasta el cálido húmedo en el subtrópico
occidental, la hoya que ocupa la provincia de Cotopaxi es la
cuarta desde el norte. La provincia de Cotopaxi, a vista de
propios y extraños, es poseedora de majestuosos paisajes. Su
volcán de belleza fascinante, sus ríos, pueblos antiguos y
modernos, monumentos, iglesias, las calles angostas de su
ciudad capital, sitios de pesca, restaurantes, montículos
incásicos, santuarios, sus lagunas, las ferias y sitios
históricos invitan a conversar y extasiarse frente a sus
maravillas, no sólo como fuente inagotable de inspiración
artística, sino como una zona de curiosidad científica.
Estudiosos nacionales y extranjeros han exaltado tanto la
prodigiosa y exuberante vegetación, como los sentimientos e
ideas de sus habitantes prestos al trabajo y a la reflexión
constante. Sus casas señoriales, haciendas, páramos, chozas
indígenas y más recónditos lugares, han sido escenarios
gloriosos de jornadas épicas. Su ciudad y pueblos más
apartados guardan la pujanza aborigen, un romanticismo
español nuevo, capaz de grandes esfuerzos y sacrificios, y
el más común y más sencillo estímulo hacia las elevaciones
del espíritu.
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