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Galápagos, oficialmente Provincia de Galápagos, es
una de las 24 provincias de la República del Ecuador,
localizada en la región insular del país. Su capital es la
ciudad de Puerto Baquerizo Moreno y su localidad más poblada
es la ciudad de Puerto Ayora. Es el mayor centro turístico
del Ecuador, así como también una de las reservas ecológicas
más grandes e importantes del planeta. Con sus 22.700
habitantes, Galápagos es la provincia menos poblada del
país, debido principalmente al afán de conservar al máximo
la flora y fauna de la región. Su territorio está formado
por el Archipiélago de Colón, también conocido como "Islas
Galápagos", de la cual adopta su nombre. En total son 22
islas y 107 islotes y rocas las que conforman el
archipiélago. Galápagos es la única provincia ecuatoriana
que no se encuentra en el continente americano. Los
territorios de la provincia de Galápagos fueron descubiertos
durante la colonización española en 1535 por el Fray Tomás
de Berlanga, aunque no se estableció una localidad en el
archipiélago. Durante gran parte de la colonia, las islas
sirvieron como escondites de piratas que saqueaban varias
ciudades de América del Sur. Ecuador anexó las islas
Galápagos el 12 de febrero de 1832, y la actual provincia
fue creada el 18 de febrero de 1973. Galápagos se encuentra
dividida políticamente en 3 cantones. Las actividades
principales de la provincia son el turismo debido a su
calidad de reserva natural, y la pesca.

Las Islas
se formaron hace unos 4 o 5 millones de años como resultado
de erupciones volcánicas, emergiendo de la superficie del
océano. En la actualidad las Galápagos son consideradas uno
de los grupos volcánicos más activos del mundo. Muchas de
las islas son solamente las puntas de algunos volcanes y
muestran un avanzado estado de erosión, otros están
completamente sumergidos. Erupciones recientes, como la de
Marchena en 1991 o Fernandina en 2005, son la evidencia de
que las islas siguen en constante proceso de formación.
Otras islas como Baltra y North Seymour, tienen evidencia de
haber sido formadas por movimientos tectónicos, en que el
fondo del océano fue empujado hacia la superficie. Las islas
Galápagos conforman el archipiélago más diverso y complejo
del mundo, en el que las condiciones permanecen
relativamente intactas. Por su distancia con el continente y
por el hecho de que nunca estuvo unido a este, la flora y
fauna existentes evolucionaron extraordinariamente hasta lo
que son ahora y permanecieron inalteradas hasta que el
hombre llegó a ellas por primera vez. Las especies de
plantas y animales propias de las islas no tuvieron
predadores durante miles de años de evolución, razón por la
cual los animales no demuestran temor alguno ante la
presencia humana y de otros animales. Esto hace de Galápagos
un lugar muy especial y fascinante y de tanto interés para
la ciencia, el turismo y la fotografía, donde los visitantes
pueden tener una experiencia con la naturaleza que no
olvidarán en toda su vida.

Pero al
mismo tiempo esta misma particularidad hace que su
equilibrio sea tan delicado y frágil, y por eso en su manejo
es primordial el control de la introducción y propagación de
especies foráneas, así como un estricto control del turismo
y otras actividades humanas, como la pesca. La institución
encargada del manejo y protección de las islas y la Reserva
Marina es el Parque Nacional Galápagos, con la colaboración
de otras entidades, como la Fundación Charles Darwin. La
vida salvaje se compone principalmente de aves, mamíferos y
reptiles. En las Galápagos no existen anfibios. Su riqueza
en vida marina hace de estas islas un sitio incomparable y
por eso tiene hoy la fama de ser el más importante destino
de buceo del mundo. En la actualidad existen animales
introducidos por los colonos hace algunos años, como cabras,
cerdos, burros, perros, gatos y ratas, los cuales, al no
encontrar competidores se han expandido convirtiéndose en
uno de los principales problemas para la conservación de la
fauna de las islas. Lo mismo ocurre en el caso de las
plantas, por lo que las instituciones involucradas en la
conservación se encargan también del control y erradicación
de plantas y animales.
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